Día soleado, pocas nubes, un poco de viento, sin llegar a ser aire. El día era perfecto; con mucho calor iniciamos a cargar todo en el carro. Y créanme, si digo todo, es todo.

Después de mucho, pero mucho, pero muchísimo tiempo de no haber armado una carpeada en forma, nos lanzamos a mojar el anzuelo a principios de septiembre pasado.

Con el carro cargado a tope, y la emoción al máximo, enfilamos rumbo a la que sería nuestra primera carpeada del año. La carretera tranquila, sin mucho tráfico nos permitió viajar sin contratiempos.

Llegando a la presa, pudimos ver que el nivel de agua estaba bastante bajo, pero aún podríamos aprovechar algunos de nuestros lugares habituales de pesca, hacia el centro del embalse, claro, que para ello tendríamos que llevar todas las cosas en lancha. =S

Al llegar pudimos ver gran actividad en aguas poco profundas, con lomos cruzando de un lado al otro del arroyo, por lo que no dudamos en instalarnos en un recodo cercano, desde donde podíamos alcanzar profundidades desde 1 hasta 3
metros , y con un tiro largo hasta los 5 - 8 mts.

Cebamos un poco a corta distancia, sin pescar. Otro punto un poco más lejos donde rondaba los 3 mts la profundidad y dejamos de lado las profundidades, ya que las carpas estaban cerca de la orilla. Al caer la noche podíamos escuchar grandes carpas comiendo en nuestro cebadero cercano a la orilla causando gran revuelo en el agua.

Un poco más noche, con todo el sigilo del mundo por fin las cañas entraron al agua, una a la derecha con maíz, y una a la izquierda con un baitmesh de salmón.

El viento comenzó.

Detrás de la montaña comenzaron a aperecer algunas nubes. Al principio unas cuantas, después las estrellas no se veían. Al amanecer, nada de aire, una calma tensa. como cuando sabes lo que se viene.

Un par de mojarras nos alegraron la mañana, y por la tarde otras tantas. Serían muy despistadas como para morder nuestras carnadas. De las carpas, ni sus saltos.

Cambiamos varias veces el maíz y una vez más el Bait Mesh para esperar la noche.

Una tímida mordida iluminó las luces de alerta de la caña de la izquierda. Pero fue todo, no hubo más.

A la mañana siguiente, con un poco más de frío y nubes, las mojarras parecen haberse reunido a desayunar en torno nuestro, y con ellas algunos alevines de lobina que también reclamaban ser parte del festín, a tal grado que olvidamos la artillería pesada.

A medio día, lleó la gran pregunta. ¿Y si nos vamos? - El frío parece no amainar -. - De las carpas no hemos visto ya nada.

Hasta que la voz de mi abuelo puso fin a todo. - Yo no tengo nada que hacer mañana - Dijo él. - Yo tampoco-, dijo mi padre. - Yo soy nini-, Respondí yo y reímos.

Decididos ya a quedarnos un día más, quedamos a la orilla de la presa.

Después de esta plática, y como si los ánimos se hubieran renovado, mi padre decide cambiar la carnada y locación de las cañas. Una muy adentro en una planicie, otra muy a la izquierda, cerca de un árbol hundido, y otra más a la entrada del arroyo. Todas con un buen bonche de lombrices gordas y jugosas en el anzuelo.

Esperamos.

Comímos.

Cerca del último bocado, la caña de la planicie comienza a gritar desesperadamente como pidiendo que le quitemos de encima esa caña que la hace estremecer y provoca su escándalo. Tomé la caña y con nervios pensé, por fin!!! Luego de no se cuanto tiempo, por fin otra carpa está al final de la línea dispesta a luchar. Corría desesperadamente de izquierda a derecha y de adelante hacia atras, hasta que finalmente pudimos ver esa aleta que salía del agua.

La metemos en la red. Brinca!!! Espera! Espera! comienza la lucha nuevamente. Corre hacia los palos! Deténla! Ya viene. Con cuidado! Ahí! Listo!



La ponemos de vuelta al agua, celebramos, nos abrazamos.

Pasamos la tardesin ningún sobresalto, pero con una gran sonrisa.

A la noche nos vamos a dormir, muy alegres, sí, pero con algo de tristeza, sabiendo que tendremos que empacar a la mañana siguiente.

Oscar! Oscar! La alarma!!!

Sale mi papá despavorido tropezando con la casa de campaña y todo cuanto encuentra a su paso para tomar la caña y comenzar una buena pelea.

Otra vez la caña de la planicie. 3:45 am puedo ver en el reloj. Esta carpa corre en medio de la oscuridad en diagonal hacia los palos, hay que detenerla. Aplica bien el freno mi padre. Aluzamos el agua y la podemos ver. Es similar en tamaño. Pero vuelve a buscar los palos!  Hay que traerla a la orilla, esta vez sin contratiempos con la red.



Y así, por fin, después de mucho tiempo, por fin pudimos celebrar buenos peces al final de nuestras líneas.

Ya vamos planeando la próxima.